jueves, 7 de febrero de 2013

Rock of Ages (2012)








Con: Julianne Hough , Diego Boneta, Russell Brand, Alec Baldwin, Catherine Zeta-Jones, Paul Giamatti, Tom Cruise, Malin Åkerman y gran elenco.

Dirección: Adam Shankman


Cuando al minuto 2, solo al minuto 2 de filmación, la joven y tuneadísima rubia adolescente que sube a un colectivo en busca de fama hollywoodense se pone a cantar y cuando viene el estribillo todo el colectivo canta con ella refregándome en la cara que vería un musical de esos en donde vocalizan incluso hasta para pedir permiso para ir a cagar, me dispuse a levantarme para retirar el DVD, pero algo me dijo que no lo hiciera, y que me aguante un toque.

Así que la empecé a mirar, adelantándola, tampoco pretendan que me voy a clavar semejante hijaputez sin una a favor, tengan un poco de piedad, por favor.

Y así la fui viendo, adelantándola cuando venían las partes musicales (que eran casi todas).

Y ¿la verdad? No está tan mal. Hay que reconocerle algunos méritos, a saber:

La relación Baldwin-Brand es genial, muy divertida. Sobre todo la escena en que cantan juntos, me hicieron morir de risa. Y eso que a Brand ya casi ni lo soporto. Muy bien por los dos.

La escena en que la reportera se pierde en los brazos de Axl-Tom Cruise-Rose y termina tirando una tonada mientras le entierra la lengua en la oreja…, me hizo morir de risa.

Y al final, cuando la joven e insulsa rubia que protagoniza el film se reencuentra con su novio rockero al que Paul Giamatti convenció de que se haga wachiturro… Hay que admitir que ése encuentro también es gracioso.

Después, por lo demás, está plagada de situaciones insoportables con canciones muy High School Musical, con Hough y Bonetta que son francamente inviables y con Catherine Zeta-Jones que lo es aún más. 

Así que ya lo sabe, si no le tiene mucha fobia a los musicales de Hollywood y puede dejar por un rato la intolerancia en el cajón de la mesita de luz y se abre a nuevas sensaciones, quizás le caiga bien. Eso sí, si no le pone onda, está frito.

Le pongo 5 Juanpablos.

¿Paul Giamatti? Dejate de joder, te perdono porque te quiero tanto que duele, pero realmente… Nada que hacer en este film ridículo, Paul. Nada.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Hope Springs (2012)








Con: Meryl Streep, Tommy Lee Jones y Steve Carell

Dirección: David Frankel


Esa tarde, en las oficinas de Hollywood, dos peces gordos debatían acalorados sobre los tristes números que les dejaron sus lacayos que mostraban la profunda brecha que había entre el público infantil y joven contra el netamente adulto grande. Los papeles no dejaban lugar a dudas, cada mes, menos y menos adultos de sesenta para arriba se disponían a acomodarse en una butaca a mirar una película en el cine.

Por supuesto que esto no los conmovía por el lado de pensar en la pobre gente que ya no tiene qué ir a ver porque todo es 3D, tiros y acción imposible, no. El tema es que se estaban perdiendo una cantidad importante de víctimas a quiénes cobrarle una entrada o una posterior venta de DVD, así que no había tiempo que perder. Se contactaron con el primer guionista que estuviese justo sacándose un moco, aburrido y sin una puta historia que escribir, le pagaron dos mangos y le dijeron que para la siguiente semana necesitaban una trama sobre cómo redescubrir el amor en una pareja de más de 30 años de casados.

Después hicieron algunos cálculos matemáticos y contrataron a tres grandes estrellas para obtener el éxito seguro solo con mostrar un afiche de propaganda con sus rostros, y luego: a contar plata, que es lo único que importa.

Así es que tenemos entonces esta sonsa historia de Arnold y Kay, una pareja con hijos grandes que hace muchos años que no tienen relaciones, en donde tanto el director de medio pelo como el guionista pelado decidieron ir derecho a los bifes, dejando de lado cualquier indicio de sutileza, presentando en este corner a un Arnold seco, mudo, con el gesto adusto y siempre apurado a salir rajando de la casa de la manera más exagerada que usted imagine, mientras en el otro rincón tenemos a Kay, una sumisa, romántica y afable sesentona que se la pasa siempre anhelando ese pasado en donde su marido al menos la miraba, por lo que decide comprar con sus ahorros una sesión de terapia sexual en lo del famoso doctor Feld (Carell), quien logra, entre sesión y sesión, que primero se miren, que luego se acerquen en el sillón, que más tarde se cuenten sus angustias y que terminen poniéndola como dos jovencitos excitados cuando pocas semanas atrás eran dos viejos perdidos que esperaban con paciencia la muerte.

Es increíble que Meryl Streep se haya prestado para esta huevada idiota salida de un combo de Mc Donalds.

Tommy Lee Jones tiene menos que ver con una película romántica que Marlo Brando en un film de bailarines en tapa rabo.

Steve Carell compone un papel tan pero tan inocuo y fofo que, por momentos, uno teme que se derrita en cámara.

Así que ya lo sabe, si usted ya pasó los sesenta y tiene un poco de amor propio y desea que se lo trate con respeto y que sus dilemas cotidianos se manifiesten como corresponde, alquile otra cosa, “Sensatez y Sentimientos”, por ejemplo, es una buena opción.

Esta película no sirve ni para pegar con cinta scotch en un vidrio roto para evitar el molesto chiflete.

Le pongo 2 Juanpablos.


martes, 5 de febrero de 2013

Red Lights (2012)








Con: Cillian Murphy, Sigourney Weaver, Elizabeth Olsen, Craig Roberts, Leonardo Sbaraglia y Robert De Niro

Dirección: Rodrigo Cortés


Está bien. Ojo, no pida imposibles, recuerde que trabajan Robert De Niro y Sigourney Weaver, así que ya con eso se puede ir dando un bosquejo de lo que está por ver. Pero es una entretenida película llevada con heroísmo por Murphy, que logra por una vez no travestirse y hacer simplemente de un cándido muchachito sin que por ello se venga el mundo abajo.

Elizabeth Olsen está bien, me cae bien esa jovencita. Y Leonardo Sbaraglia… Cuando escuché su voz, apenas aparece en el film, me dije: “ese es Leo Sbaraglia”. Y sí. Era Leo Sbaraglia, nomás. Bien, Leo. Bien. Buen papel. Sorpresivo.

Robert De Niro insiste con no mirar para atrás y no contabilizar sus éxitos haciendo este tipo de tontos papelitos que no le llegan ni a la suela del zapato. Jamás entenderé qué pasó contigo Roberto, pero claramente estás re loco.

En fin, una película entretenida que habla con criterio yankie sobre los manosantas y los sanadores de palabra que es interesante de ver. Así que ahí la tiene, no tiene nada mejor que hacer esta semana.

Le pongo 5 Juanpablos, si reemplazaban a Robert De Niro por otro actor con menos renombre se llevaba un 6,50, mire lo que le digo.



lunes, 4 de febrero de 2013

Chernobyl Diaries (2012)






Con: Ingrid Bolsø Berdal, Dimitri Diatchenko, Olivia Dudley, Devin Kelley, Jesse McCartney, Nathan Phillips, Jonathan Sadowski, Milutin Milosevic y gran elenco

Dirección: Bradley Parker



Resulta que tres desconocidos y malísimos actores jovencitos compuestos por una parejita  "tipo" y una amiga en común están paseándose por Europa, sacándose turísticas fotos en los lugares más salames, como frente al portón del palacio de Buckingham, frente al Arco de Triunfo, o en el Coliseo, etc. Hasta que finalmente llegan a la casa del hermano de Jovencito, quién por trabajo vive desde hace años en Kiev y es tan mal actor como los primeros mencionados.

Y éste los recibe con gran alegría y los invita a tomar unos drinks y sus visitas les cuentan lo bien que la están pasando y le muestran fotos, pero Hermano las pasa con aburrimiento y les admite que a él le va más el turismo aventura. Y se ponen a hablar de eso cuando de pronto se le ocurre invitarlos a pagar por quizás el más peligroso de los turismos aventura que usted haya escuchado, que es ir a dar una vuelta por Pripyat y Chernobyl en una combi (que aparentemente, según este director ridículo, en Ucrania hay locales céntricos que promueven este nocivo pack turístico de la misma manera que en Madryn hay locales que venden clases de buceo, pero bueno, póngale onda usted también, que si no no se puede escribir ninguna historia de terror nueva…)

La parejita se niega, horrorizada, pero la jovencita que los acompaña, dispuesta a quedar bien con Hermano ya que tiene claras intenciones sexuales con él le dice que ¡Sí! levantando un puño enérgico al cielo mientras se clava un fondo blanco de vodka, en una clara y trillada actitud norteamericana.

Así es entonces que se acercan a un local que promueve en su vidriera: “Turismo de Aventura / Pripyat-Chernobyl - $350 per cápita” y entran y pagan.

Y justamente, como si se tratara del local Scuba-Duba de Puerto Madryn donde unas chicas y chicos esperan que se forme un grupo rentable para llevarlos a bucear o a acariciar lobitos marinos, un gordo muy afable, al recibir la paga de este grupo de cuatro nuevos clientes, ya tiene copada la combi así que todo listo.

Y viaja, viajan, viajan hasta que los transeúntes dejan de ser parte del paisaje, los autos que van y vienen por la ruta solo vienen, y cada vez son menos, y llegan a un puesto militar donde unos soldados con intimidantes Kaláshnikov AK-47 colgadas al hombro y mucha cara de haber desayunado una botella de añejo Horilka con sánguches de anchoa les impiden el paso. El gordo se baja de la combi no sin antes advertir a sus clientes que no vayan a hablar y que lo dejen a él hacer el numerito (¿qué les dirá?) y se acerca a los soldados y se pone a gesticular vaguedades para luego volver derrotado a la van, con franca expresión de desaliento, pone marcha atrás y pega la vuelta, diría Lucía Galán, ante la disconformidad del grupo, que le exige que les devuelva el dinero.

Pero Gordo Afable, con los dientes apretados y en esa postura tan incómoda de estar todo doblado mirando hacia atrás mientras se conduce en reversa, les murmura: “quednsé trnquilos, que vmos ntrar pr otro lado”.

Y agarran un camino de tierra muy sinuoso y poseado y finalmente llegan a Pripyat, la ciudad fantasma donde vivían los empleados de la planta nuclear de Chernobyl que el 26 de abril de 1986 tuvieron que salir corriendo con lo que tenían puesto para no volver a entrar a la ciudad, ni ellos ni nosotros, por los próximos cien mil años, ya que la contaminación radiactiva que quedó diseminada en el lugar es tóxica de muerte, perenne e inhabitable.

Así es que llegan y bajan de la combi con gran ilusión y se disponen a sacar fotos. Realmente es muy interesante el lugar. Da escalofríos estar en una ciudad donde no hay nadie y donde todo quedó en pausa desde hace casi 30 años. Y visitan escuelas, hospitales, edificios de departamentos y se pasan un rato agradable escuchando las historias que Gordo Afable cuenta con monótona dicción de instructor de turismo y bueno, ya pasaron dos horas, así que mejor que vayamos yendo porque está oscureciendo y aparte si ahora nos quedamos más tiempo la toxicidad del ambiente nos hará mucho daño celular así que emprendamos la retirada hacia la combi.

Pero cuando llegan y se encomiendan a pirar de Pripyat con una experiencia única e irrepetible que quedará por siempre en sus memorias, la camioneta no arranca.

Tensión. Inquietud. Incomodidad.

Gordo Afable, incrédulo, levanta el capót buscando el problema, y ¡oh, sorpresa!, se encuentra con todos los cables eléctricos mordisqueados, pelados y cortados, así que así no irán a ninguna parte.

Horror. Pavor. Discusiones pelotudas. Pases de factura.

Para colmo, Gordo Afable intenta calmar a sus clientes tomando su Handy y pidiendo auxilio, pero nadie le responde un cazzo, son las 7 de la tarde, está anocheciendo y en Ucrania es la mejor hora para meterse en un bar a envodkarse a pleno.

Peleas. Amenazas. Intentos de recuperar la calma. Fracaso de esto último.

Y así comienza entonces esta tontería, donde unos extraños perros radiactivos rodean la combi y acechan a los protagonistas hasta que Gordo Afable y Jovencito salen a intentar vaya uno a saber qué huevada en lugar de quedarse dentro y son comidos y masticados para que aquellos actores sin un solo dedo de frente que aún se encuentran en la camioneta  exclamen: “¡vamos a rescatar a nuestros amigos!” y corran la misma suerte que los primeros, escudriñando las calles de Pripyat en una noche cerrada en donde cientos de zombies radiactivos salen de la oscuridad como si se tratase del tren fantasma más choto del mundo (porque nunca se los ve de lleno, siempre aparecen por un costado como movidos por una palanca, en un segundo y con una ráfaga de luz que los ilumina, o sea, como claramente advertí más atrás: Como el tren fantasma más choto del mundo) y se los van comiendo de a poco hasta que solo quedan con vida la muchacha amiga de la parejita y el hermano de Jovencito, que llegan todos quemados y llagueados a Chernobyl donde agentes de seguridad todos encapsulados matan a tiros a Hermano y retienen a Muchacha, a quien hospitalizan. Y mientras le ponen suero y le hacen los primeros estudios le preguntan cómo entraron a Chernobyl, qué es lo que hacían en Pripyat y qué es lo que vieron.

Y Muchacha les cuenta todo, con lujo de detalles, así que deciden encerrarla en una habitación ya que la joven “sabe mucho y vio cosas que no deben develarse”.

Muchacha implora que no la encierren, pero los médicos le dicen que estará todo bien con escasa convicción y la mandan para dentro, donde un número impreciso de zombies radiactivos se la comen.

Así que ya lo sabe, si usted gusta del cine de terror tonto, donde las escenas de terror son, valga la redundancia, "de terror"; donde el argumento hace agua por todos los costados y donde las actuaciones rasan la pelotudez más plena, vaya ahora mismo a alquilar Chernobyl Diaries, la va a pasar fenómeno.

Le pongo 3 Juanpablos siendo muy generoso.



viernes, 1 de febrero de 2013

Recomendación Vetusta N° 67








Kill Bill I y II

Con: Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Daryl Hannah, David Carradine, Michael Madsen, Julie Dreyfus, Chiaki Kuriyama, Sonny Chiba, Chia Hui Liu, Michael y James Parks, Michael Bowen, Ambrosia Kelley, Kenji Ohba y gran, gran elenco


Dirección: Quentin Tarantino


¿Qué decir de esta obra maestra?

Yo creo que nada.

Haber visto Kill Bill en el cine, haber ido a ver la primera parte y tener que esperar a que se estrenara la segunda para saber ¡si Sofie le había dicho o no a Beatrix que la pequeña BB estaba viva! me dejó comiéndome las uñas como una vieja chusma que esperara desesperada que se devele un estúpido misterio de una torpe novela venezolana que, para colmo de colmos, no llegaría ni al otro día ni al comienzo de la próxima semana. ¡Tendría que esperar meses para descubrirlo!

En la primer escena, la rapidez con que todo se va a la mierda es exquisita, Beatrix llega a una simple casa con juguetes en el jardín, Vivica le abre, la reconoce, y se cagan a patadas como no vería otra escena hasta que en Kill Bill II finalmente Elle Driver recibe su merecido dentro de una casa rodante.

Toda la etapa en casa del viejo Hattori entrega una paz que hasta se pueden oler los sahumerios y se puede poner pausa e ir a pasear un rato por las calles de Okinawa. Y ni hablar de la escena en donde Hanzo entrega la espada con “The Lonely Shepherd” inundándolo todo...

Y podría enumerar cada una de las escenas, porque no hay una sola que sea irrelevante. Toda Kill Bill es exquisita. Es genial.

Michael Parks, la mejor actuación del grupo. Ambos roles, el policía más texano y republicano que haya visto y el viejo cafisho más enquistado y arcaico del que se tenga memoria.

Pero todos están bien. Todos.

Recomiendo Kill Bill porque una vez, en una cena con amigos y hablando de la película, me enteré que había dos que aún no la habían visto. Al principio supuse que era una broma, pero no. No la habían visto. Y como debe haber varios que no la vieron, se me ocurre que por prejuicio o por temor a no quedar prendados de la historia como los que ya la vieron que evitan hacerlo, así que para ellos va esta recomendación vetusta con bombos, trompetas y platillos.

No debe irse de este mundo sin ver Kill Bill. No sea gil.

Le pongo miles de Juanpablos.