martes, 11 de noviembre de 2014

Third Person (2013)






Con: Liam Neeson, Mila Kunis, Adrien Brody, María Bello, Kim Basinger, Olivia Wilde y demás gente

Dirección: Paul Haggis



Pseee, qué sé yo. Es una película romántica, y vio que acá en este blog no hay muchas películas románticas desfilando por los posteos.

Hay dos cosas que no me gustan de este mundo. Una es el Fiat Regatta, en su versión Sedán o Weekend. Y la otra son las películas románticas, o de deportes. Así que ya lo sabe: Si hay alguien en este mundo que no puede ser objetivo, que se aburre como un tronco aburrido y que se duerme como una marmota cada vez que se clava sin querer una película de besos o de temática de liberación sexual adulta, ése soy yo. Por lo que le propongo, véala. Véala si usted no pudo perderse un capítulo de La Extraña Dama, o de Rosa de Lejos.

Lo que es yo, me voy ya mismo a buscar alguna de tiros en Netflix, quien sabe tengo suerte.


Ah, Olivia Wilde está muy linda, pero medio exagerada. Su lindura explota como volcán y medio que empalaga, deberían haberla afeado un poco, es demasiada belleza, por supuesto inaplicable a la vida real.

Y Liam Neeson…, como siempre, o te enamora o te dan ganas de recagarlo a patadas en el culo. En esta ocasión dan ganas de recagarlo bien a patadas en el culo.

Así que le pongo 4 Juanpablos, pero le garantizo que no estoy siendo objetivo.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Frogs (1972)





Con: Sam Elliott, Ray Milland, Joan Van Ark, Adam Roarke, Judy Pace, Lynn Borden y un montón de ranas toro

Dirección: George McCowan


Resulta que una bella tarde de verano, Sam Elliott, el famoso cowboy de bigotones y recia estampa que todos conocemos quien cuando era joven era un alarmante clon de Juan Martín del Potro consiguiendo que ni bien apareciera en escena saltemos de nuestras butacas exclamando: “¡Juan Martín del Potro!”, viene navegando su humilde canoíta meta sacarle fotos a los reptiles del lugar -está muy ensimismado con su tarea y la escena es flor de bodrio lento como comentario de Juan José Paso- cuando de pronto el director nos muestra con vértigo a unos jovencitos ricachones quienes, cerveza de lata en mano, dibujan las más arriesgadas cabriolas con su potente y exclusiva lancha deportiva tan contrastante con la humilde canoa de nuestro simple Juan Martín, quien sonrisita, camisa vaquera y cámara de fotos en mano, intenta sorprender a una rana para tomarle una foto.

Luego, lo inevitable. Juan Martín, volviendo de su día de trabajo en la canoa debe cruzar el río y los jovencitos alcoholizados le pasan por encima, dándole vuelta la canoa y haciéndole perder no solo su completo día de trabajo, sino también su cámara y sus pertenencias.

Por suerte Juan Martín ha salido ileso, solo un revolcón en el agua y unos vaqueros mojados. Los jovencitos ricachones son boludos pero buena gente, así que lo socorren y lo invitan a la mansión donde viven para que pueda cambiarse de ropa, darse un baño y hacerse del dinero necesario para reponer su equipo fotográfico. Pero cuando llega, el pudiente muchachito lo presenta con su abuelo, dueño de la mansión y de las vidas de todos aquellos que habitan su morada, quien lo recibe con cara de muy pocos amigos y con una mala actuación que sin dudas ha sido la estrella de aquellos setentas.

Juan Martín nota el descontento, pero no se aflige demasiado. Solo necesita una ducha, un par de pantalones, una camisa y ver de empomarse a la hermana del pudiente muchachito, quien incluso en la lancha ya lo miraba con hambre de sexo casual.

La mansión es bellísima, y los actores del reparto, horrorosos. No saben ni pararse con estilo. El abuelo, en perenne silla de ruedas, utiliza una manta para taparse las piernas y ordena que le sirvan un Campari detrás del otro mientras su nietos, todos tipos en sus treintas que no tienen lo que hacer, juegan al croquet haciendo honor a su apellido (son los Crocket's) y beben vodka luciendo camisas con los cuellos más impactantes que usted imagine. Y todo es placer y lujos, salvo por el tedioso e infumable croar de miles, qué digo miles, millones de ranas toro que han copado la isla y acechan a los humanos en clara posición de ataque.

Pero ni la familia, ni los sirvientes ni el invitado toman nota de esto. Una rana nunca le hizo daño a nadie, así que de pretender llamar la atención quizás deberían haber portado armas, o ponerse a hablar en húngaro, pero ¿acechar con esos ojos saltones y nada más? Qué sé yo...

Y el ruido, decía, es tan molesto que no deja dormir a estos ricachones. Y todos elevan quejas al abuelo y le solicitan volver a la ciudad, pero en dos días el abuelo cumplirá equis cantidad de años, y una vieja y persistente tradición familiar obliga a pasar esa semana todos reunidos en la mansión de descanso. Así que Abuelo pide a Juan Martín que vea de terminar con el flagelo de las ranas. Juan Martín es fotógrafo, no fumigador de ranas, pero acepta el reto y se interna en el bosque, intentando descubrir por qué carajos hay tanta cantidad de ranas toro alfombrando el condado. Pero al poco tiempo descubre con pavor -con el pavor que podría describir en su rostro Juan Martín del Potro- el cadáver masticado por ranas (le juro) del jardinero de la mansión, así que Juan Martín vuelve y le informa esto a Abuelo en privado, quien le agradece no haber mencionado el tema delante de todos porque una vieja tradición familiar obliga a la familia a pasar la semana de su cumpleaños meta tomar alcohol y dar órdenes a los sirvientes hasta el día de su aniversario. Juan Martín no comparte la idea de continuar adelante con los festejos pero advierte que al viejo no le afecta en lo más mínimo la muerte del jardinero y que no va a deponer su actitud de continuar con la fiesta de cumpleaños.

El problema es que las ranas ya dieron órdenes a los demás reptiles (iguanas, lagartijas, cocodrilos y víboras del lugar) de que tomaren cartas en el asunto y liquidaren de una vez a toda la familia.

Así que un nieto va a buscar unas azaleas para un arreglo floral al invernadero y las iguanas le tiran frascos de veneno (si no me cree, véala, está en Netflix), asfixiándole. Juan Martín, al descubrirlo le informa su deceso a Abuelo, quien le agradece que se lo haya hecho en privado para no levantar la perdiz y poder continuar con los festejos. Juan Martín no puede creer el temple frío de este viejo lisiado, pero tampoco puede hacer nada. Él es sapo de otro pozo y solo puede esperar que alguien le dé un aventón y lo saque de allí en el momento justo en que otro familiar grita de espanto. Otro nieto ha sido asesinado y se encuentra muerto y enfundado en telas de araña. Juan Martín, al descubrirlo le informa su deceso a Abuelo, quien le agradece que se lo haya hecho en privado para no angustiar a los demás invitados y así poder continuar con los festejos. Juan Martín no puede creer el temple frío de este viejo, pero tampoco puede hacer nada. Él es sapo de otro pozo y solo puede esperar que alguien le dé un aventón y lo saque de allí en el momento justo en que otro familiar grita de espanto. La abuela de la familia, o la madre de los nietos –no me queda claro, es una vieja- salió con su red atrapa mariposas en busca de una que le faltaba en su colección y ¡zas! ¡Miguel Mateos!, una víbora cascabel le muerde la cara. Juan Martín, al descubrirla, le informa su deceso a Abuelo, quien le agradece la discreción de no andar contando esto a boca de jarro para no preocupar a los demás familiares y así poder continuar con los festejos. Juan Martín no puede creer el temple frío de este viejo, pero tampoco puede hacer nada. Él es sapo de otro pozo y solo puede esperar que alguien le dé un aventón y lo saque de allí en el momento justo en que otro familiar grita de espanto. Y a pesar de que usted no lo crea, Juan Martín, al descubrirlo le informa su deceso a Abuelo, quien le agradece que se lo haya hecho en privado para no llamar la atención de los demás comensales de manera de poder entonces continuar con los festejos.

Y ya no queda nadie en la mansión. Todos han muerto a excepción de la jovencita que desea que Juan Martín la penetre de una vez, Juan Martín, dos pendejitos que trabajan muy mal sus papeles y el viejo cabeza dura, quien no se doblegará ante la incesante lluvia de infortunios que están amenazando con cancelar los festejos. Y a pesar que tanto Juan Martín como Muchachita le aclaran que ya no habrá cumple y que ellos se las toman, invitándolo a que fuese con ellos, el viejo desecha el convite, se sirve un enésimo Campari y se queda mirando por la ventana como su nieta, Juan Martín y sus bisnietitos huyen del lugar mientras una horda incalculable de ranas toro copan la mansión, toman el estudio donde el viejo se está mamando y, aparentemente, lo matan. Digo "aparentemente" porque lo que se ve es que el viejo pone cara de espanto, cae al piso y unas ranas le saltan encima.

Mientras tanto, cerca del lugar, Juan Martín, Muchachita y ambos retoños logran escapar de las ranas y encuentran ese aventón que hacía tanto les venía siendo esquivo.


Le pongo 3 Juanpablos. La sola idea de haber pergeñado esta estúpida historia merece tanta cantidad de puntos, de lo contrario se llevaba solo un cero.


viernes, 7 de noviembre de 2014

Splinter (2008)





Estreno de la Semana


Con: Shea Whigham, Jill Wagner, Paulo Costanzo, Rachel Kerbs y elenco

Dirección: Toby Wilkins


Bien. Simpática.

Empieza medio tonta y uno imagina que está por ver una de esas boludeces recontra malas y típicas de película patética de lunes. Ambos actorcitos pedorros que la inician dan esa pista, pero luego aparece en escena Whingham, quien de inmediato nos apena imaginándolo habiendo caído tan bajo de colaborar en un film de clase B, pero no. Tranquilos. Tranquilos que después se pone interesante.

Ojo, tampoco vaya a creer que Splinter es un peliculón insuperable. Es una película de terror, y está bien hecha. Punto y aparte.

Whigham está bien y los tres o cuatro que lo acompañan logran su cometido.

Eso sí, tenga cuidado, que si usted es de esos que se intimidan con películas asquerositas donde las escenas explícitas de órganos y sangre riegan toda la pantalla, ni se le ocurra, vaya y alquílese Mary Poppins y el deshollinador.

Spliter vino a este mundo a entregar una nueva película de terror de un extraño virus que se apropia de las víctimas y las une y conforma un absurdo manojo de pedazos humanos que corretea por ahí en busca de más piezas para su espantoso rompecabezas.

No busque más que eso.

Le pongo 6 Juanpablos a este estreno de la semana que, a falta de nada mejor, se ha ganado por mérito propio su puesto.



jueves, 6 de noviembre de 2014

Deliver Us From Evil (2014)






Con: Eric Bana, Édgar Ramírez, Olivia Munn, Sean Harris y elenco

Dirección: Scott Derrickson


Pseee, qué sé yo. Póngale que está bien…

Hay varios obstáculos en Deiver Us From Evil que no dejan que uno pueda disfrutarla como corresponde. El primero: “Basada en hechos reales”. Hollywood debe entender que ya no engañan a nadie con esta tontería. Está basada en hechos reales. Es cierto. El Sargento Sarchie existe, de ahí a que le hayan pasado las cosas que describen en el film, bueh… Más o menos. Más menos que más.

El segundo obstáculo: Édgar Ramírez. Ya pudre con su estampa de cogedor insaciable al que las mujeres idolatran cuando se pasea por las calles en busca de un fugaz polvo. No entiendo por qué siempre le dan roles de tipos sin el sex-appeal que Ramírez porta con orgullo en cada composición que enfrenta. La otra vez hizo del Chacal Ilich Ramírez, quien en la vida real es un hombre bastante feucho, parecido al soldado Chamamé. Acá lo eligieron para que compusiese a un exorcista latino hot quien, junto con Bana, deberán extirpar el demonio de un pobre marine enfiestado. Y realmente pierde toda seriedad eso. Y es una boludez inaplicable.

Pero bueno, justo ahí me quería parar, en el temita de la seriedad. Si uno mira Deliver Us From Evil en estado relajado, como quien pretende divertirse con una de demonios exorcizables, la va a pasar fenómeno, porque a medida que el film fluye, se va acomodando y deja atrás la tonta forma que eligieron para arrancarlo. Y al final se pone bueno. Y el desenlace está muy bien logrado.

Bana funciona con poco y Harris es perfecto, ese hombre tiene cara de rata y le cae muy bien el rol de poseído.

Así que deje de lado todo lo que pueda contaminar su diversión, haga de cuenta que Ramírez está puesto a propósito, para exagerar un rol, y diviértase con Deliver Us From Evil, va a ver que la va a pasar fenómeno.

Le pongo 6 Juanpablos


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Come Out and Play (2012)




 Película NETFLIX de la semana


Con: Ebon Moss-Bachrach, Vinessa Shaw, Daniel GIménez Cacho y unos niños

Dirección: Makinov



Sí. Está bien. Con estética Jodorowsky/Kubrick/Sergio Leone y otros emblemáticos, Come Out And Play nos lleva por una historia muy setentosa en donde una joven pareja de pronto se encuentra con una impensada situación en donde los niños de un pequeño poblado –enclavado en una remota isla de veraneo- de repente fueron atacados por  colectivo trance y asesinaron a todos los adultos del lugar.

Bien filmada. Bien actuada. Buena historia. De pronto me vi viendo esta película y me sentía disfrutando de spaghetti-westerns, o de Shinning, o de La Montaña Sagrada, y ¿la verdad?, es genial poder disfrutar de un film así en este presente tan “que ya todo se ha visto”.

Me molesta que su director se haga llamar “Makinov” y no se muestre en público y todas esas pelotudeces que hace. Ahí la caga, ferozmente. Sobre todo porque estamos en 2014. Me hubiese gustado mucho poder poner su verdadero nombre “Dirección: Juan Carlos “Makinov” Gutiérrez”, por ejemplo. No creo que esta película sea lo suficientemente bisagra como para que su director utilizase sólo un pseudónimo y en caso de dar notas lo hiciese encapuchado como un integrante del Ku Klux Klan. Me parece la tontería más grande del siglo y quita protagonismo a la película en sí, quien debería ser la estrella ya que es la que nos entretiene. Un director de cine nunca debe pensarse más grande o más importante que su película, y para colmo Makinov, o como mierda se llame este absurdo ser, acaba de salir al ruedo, ésta es su primera película. Así que recomendamos desde aquí, y para poder aplaudirlo como correspondería, que deje esta infantil actitud, quite su capucha y diga su verdadero nombre.

De lo contrario ningún esfuerzo hecho por construir una buena historia tiene verdadero sentido.

Le pongo 7 Juanpablos.



martes, 4 de noviembre de 2014

Muerte en Buenos Aires (2014)






Con: Chino Darín, Demian Bichir, Dolores Petric y elenco

Dirección: Natalia Meta


No, para nada. La verdad es que no entiendo qué es lo que quisieron hacer con esta sonsa y obvia película policial argentina infestada de tontos clichés para el olvido. No entiendo qué necesidad tenía Bichir de venir a mostrar qué lindo que le sale el argentino ochentoso, habiendo tantos actores argentinos que bien podrían haber hecho su papel, se la voló gratuitamente.

El Chino Darín, como bien se hace llamar el hijo de Ricardo para no entorpecer el camino de su padre al llamarse de la misma manera, no está mal. La verdad es que no se puede decir que sea quien arruina la historia, pero deja la sensación de que han hecho esta película con el solo fin de presentar en sociedad al hijo de Ricardo Darín, porque el film es tan irrelevante e inútil que no se explica uno para qué lo han lanzado.

Trabada. Mal actuada por el resto. Llena de momentos torpes (La escena en donde felicitan al Chino por haber capturado al presunto asesino, que están con otros policías en un bar, es patética. Salvo este momento, jamás se ve a los protagonistas con estos señores que se muestran súper amigos, y queda obviamente como el culo. Hubiesen mechado aunque sea un par de estos extras en el resto del film para hacer ver que realmente son compañeros de trabajo, o hubiesen evitado esta tonta escena. Inexplicable).

Luego debo admitir y sacarme el sombrero en honor a la ambientación. Aún no entiendo cómo lo lograron. Muy real, muy bien montada en los ochentas. Gran mérito. Pero esto no alcanza para hacer una película, hace falta una trama interesante, fresca, original y unos actores que se sientan cómodos haciendo sus partes. Y acá no pasa nada de todo eso.

Así que le pongo 3 Juanpablos y espero que el Chino Darín tenga más suerte la próxima, ya que su papá es macanudo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Transformers – Age of Extinction (2014)





Con: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Stanley Tucci, Jack Reynor, Titus Welliver y gran elenco

Dirección: Michael Bay



Resulta que justo cuando uno había pensado que en lo que a desparramo de vómito yankilezco ya había visto todo y habiéndome jurado que no vería la cuarta secuela de esta inútil historia de robots extraterrestres que se transforman en los más zarpados camiones, helicópteros, colectivos y autos deportivos de extrema alta gama ya que no solo no entiendo el fin de la historia, dónde es que nos lleva o cuál mensaje pretende inculcarnos, me encontré este finde con toda esta lluvia inusitada y todos los estrenos ya alquilados y me dije –equivocadísimo- “Bueno, qué sé yo. La llevo y la veo”.

Entonces aparece en escena Mark Wahlberg. Sí. Mark Wahlberg. Quien no debería haber colaborado en esta película ya que no lo necesita, pero ahí está. ¿Y haciendo de qué? De estricto padre de una jovencita que parte la tierra en dos, que usa los más extremos shortcitos vaqueros que se le meten dentro de la vulva, y a la que su padre, don Mark Wahlberg, no deja salir con sus amigas con temor a que la muchachita termine besándose con algún noviecito cuando claramente, por la actitud que la joven porta y la ropa que viste, viene acogotando gallinas desde su más temprana infancia.

Y la vida es dura en Texas. Don Wahlberg es un caprichoso ingeniero que hace décadas pretende salvarse inventando algún robot copado pero las cuentas se acumulan y acumulan, el banco ya le envió montones de intimidaciones y en poco tiempo tendrá que entregar su rancho mientras su empleado en viejo Mini Cooper intenta ayudarlo sin muchas luces y su hija va y viene de la escuela partiendo la tierra que camina con esas piernas inconcebibles y esos shortcitos de recontra putarraca ninfómana y se lamenta cuando su padre no la deja salir porque le ha prometido a su esposa, recientemente fallecida (no se les cae una idea), que no permitirá que la niña se pusiera de novia antes de los 37 años, o algo así.

Así es que un buen día sale a la venta un viejo cine del pueblo tejano donde don Wahlberg intenta salvarse económicamente y se acerca con su hippie asistente para ver qué podría comprar ahí dentro que le pudiese servir para sus locos inventos cuando descubre entre las butacas un viejo y abandonado, aunque poderosísimo, camión frontal del estilo del que usare BJ McKay y se enamora y se lo compra (cómo llegó semejante voluminoso camión dentro del cine donde están las butacas, sólo el director de esta pelotudez lo sabe).

Esto enfurece en demasía a su increíblemente cogible hija, quien al ver llegar la grúa con el camionazo oxidado y vistiendo los shorts más diminutos y más enterrados en la vagina que usted pueda imaginar, le pregunta “¡Por qué compraste este viejo camión! ¡¿Y ahora cómo pagaremos las cuentas?!” Pero a nadie le importa, realmente, si podrán o no con las deudas ya que es imposible dejar de ver las piernas de esta jovencita que raja el planeta en dos con su incomprobable belleza.

Y los días pasan y las cuentas se acumulan y de pronto el viejo Wahlberg se da cuenta de que ese camión que adquirió por dos con cincuenta no es otro que “Optimus Primus”, el jefe de los Transformers buenos quien ha sido mortalmente herido y ahora Wahlberg lo curará de sus lastimaduras, justo cuando el Pentágono descubre que Optimus está siendo reparado en un rancho tejano y entonces van y lo buscan y comienzan las explosiones, los robots que se transforman en vehículos y las más disparatadas corridas y saltos en donde Estados Unidos de América despliega como nunca antes un reguero de efectos especiales, ruidos ensordecedores y peleas infundadas que ocultarían el fin incluso de una película aún más carente de objetivo, presentando a unos absurdos robots Transformers que hablan y gesticulan como si fuesen norteamericanos nacidos en el corazón mismo de New York (incluso hay uno que hicieron parecido a Blane de Predator, que fuma un habano de metal –hay que ser despiadado e hijo de puta para hacer un robot que fuma un habano de metal, ¿para qué lo hicieron? ¿cuál sería la ventaja? ¿Un robot necesita relajarse con un puro gigantesco de metal?) que nada tendrían que envidiarle a la tontísima escena de Plan 9 From Outter Space donde los marcianos se apoyan de brazos cruzados en los pasillos de la nave para platicar sobre los terrícolas y lo único que les faltaba era estar tomando un café de Starbucks mientras departían sus opiniones.

Y justo cuando ya comenzaba a pasar capítulos sin remedio, de pronto don Wahlberg y su calienta vergas hija son rescatados por el noviecito de esta, quien hace años le viene alegrando las noches y solo don Wahlberg no lo imaginaba, montando así, una vez rescatados y ocultos, una patética escena en donde Mark pide explicaciones ya que jamás hubiese imaginado que esa frágil muchachita que con tanto sacrificio educó y guió por el buen camino en realidad hacía años que se aferraba con fruición del ganso de este apuesto y afortunado jovencito que tiene la bendición de entrarle a aquellos excitantes minishorts.

Así que ustedes perdonen, pero realmente no puedo soportar a los Transformers. No los tolero. No puedo siquiera comprender, por ejemplo, cómo es que nadie dice nada sobre la inaplicable situación de que, en plena pelea, explosiones y fuegos artificiales de suculento volumen, las voces de estos sonsos robotitos se escuchan a la perfección. No puedo entender por qué imbécil motivo estos Transformers viven, se mueven, gesticulan, se lamentan o se divierten como si fuesen marines norteamericanos siendo como son, simples extraterrestres de metal. No comprendo cómo puede ser que haya habido 4 películas de esta basura solo por contar en sus filas con las guarras más escandalosamente infartantes, los autos más espectaculares y las explosiones más desmedidas cuando la trama no tiene ¿nadie se dio cuenta? ¡NINGÚN SENTIDO!

Y lo peor de todo, lo que más me ha hecho enojar, es la solución que encuentra Optimus para luchar contra los robots malos, que es excavar y desenterrar a los más primitivos Transformers que ha visto esta tierra, que son unos Transformers-dinosaurio… ¿Qué mierda es esto? ¡¿Qué sentido tiene?! ¡¿En la quinta secuela irán a luchar contra amebas unicelulares Transformers??? ¡Dios!

Lamentablemente sé que seguiremos siendo víctimas de este absurdo atropello. Transformers vino para quedarse y habrá al menos siete secuelas más en donde no importará que ya no haya nada que contar de la historia y por donde desfilarán nuevas pendejas parapitos y jovencitos que pretenden saltar a la fama con sus torneados cuerpos mientras estos boludísimos robots siguen cagándose a trompadas en medio de las más estruendosas explosiones mientras hablan lo más bien y se escucha perfecto lo que se dicen.

Pero también sé que no me enganchan más, eso se los aseguro.

Imposible de calificar.

Insoportable.