lunes, 19 de enero de 2015

The Equalizer (2014)






Con: Denzel Washington, Chloe Grace Moretz, Marton Csokas, David Harbour, Bill Pullman, Melissa Leo, Johnny Skourtis y unos extras rusos

Dirección: Antoine Fuqua



Resulta que Denzel Washington, atacado por un cruento pedo tísico por la ingesta desmedida de grapa en mal estado, aceptó ponerse en la piel del temible/apacible McCall, un jubilado berreta y silencioso que entretiene sus últimos días trabajando en un Wall Mart en la sección construcción, donde una docena de jovencitos que no pudieron estudiar una carrera terciaria para recibirse de abogados y así hacerse millonarios cagando a alguna multinacional, se ríen del viejo, quien les parece un trasto pasado de moda, aunque macanudo.

Y el viejo Denzel se ríe con ellos y ayuda a un obeso compañero a convencerlo de que no debe comer papas fritas e ingerir azúcar si lo que pretende es que en Wal Mart lo asciendan a “empleado de seguridad” para así poder pasear por el megastore disfrazado de policía aunque sin ningún elemento contundente que anule al posible malhechor. Ese tipo de trabajo que solo existe para dar una “imagen de seguridad”. Esa imagen de seguridad que solo da pena de quien la viste.

Y Denzel es muy correcto, tiene todas sus cuentas en orden, vive solo, se baña a diario y cepilla sus zapatillas. Es un norteamericano de ley. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Cena. Limpia todo, como un americano correcto y de baja condición económica, y luego se va a pasar la noche a un bar del barrio para leer algún clásico como “El viejo y el Mar”, o “Las Colegialas se Divierten”.

Y tiene su propia mesa asignada. Tampoco es que el lugar esté así de gente a las dos de la mañana, pero Denzel elige siempre la mesa cerca del ventanal, acomoda los cubiertos, se pide un té y se pone a leer mientras llega y se acoda en la barra, como todas las noches, la putita de la zona, a la espera de clientes que la clamen por teléfono.

Denzel es muy correcto, muy de no meterse en la vida del otro, pero algo en sus ojos nos dice que de alguna manera está al tanto de lo que le pudiese ocurrir a la joven, a quien siente como una hija. Charlan. Siempre de lejos y distantes. Ella le pregunta qué está leyendo hoy, él se interesa por la piña que le dieron en un ojo. Ella le miente, y le dice que se tropezó. Él no le cree.

Y la vida sigue, y hay que marcar tarjeta en Wall Mart y Ralphie (nunca mejor elegido el nombre de este actor de reparto que debe hacer de gordo inocente y más bueno que el merthiolate) pone lo mejor de sí para adelgazar esos kilos demás y enorgullecer a su viejo compañero de trabajo que tantos buenos concejos le dio para abandonar esa vida llena de excesos grasos de manera de lograr abrazar con algarabía la labor más humillante del mundo, pero una noche, cuando Denzel prepara su ritual de lectura en aquel bar, Chloe, la putita, es requerida por un cliente que la golpea. Chloe no quiere acudir a su cliente, quien la espera con una limusina en la puerta del bar y es un gordo desagradable. Y Denzel se hace el que lee su libro pero bien que está atento a lo que ocurre. Finalmente el cafisho de Chloe la llama por celular y le dice que, o se sube a la limusina del gordo, o la van a recagar a patadas. Y Chloe acepta, es preferible una cachetada del gordo antes que una venganza de la mafia rusa que la tiene capturada como esclava sexual. Pero al día siguiente, Chloe llega al bar con tremenda trompada en un ojo. Denzel se apiada de ella y por primera vez la deja sentarse a su mesa. Hablan. Chloe le dice que su sueño es triunfar como cantante. Denzel le dice que viven en Norteamérica, no en Argentina o en un lugar fracasado de esos, y que puede hacer lo que quiera con su vida, que no necesita para nada vivir como vive. Y hablan y hablan, toda la noche, hasta que la acompaña a su casa, pero llegando al lugar, un poderoso Mercedes negro los acorrala y se bajan unos mafiosos rusos, que le dan tremenda cachetada, la suben al auto y le recomiendan a Denzel que se busque otra puta, ya que esta tenía los días contados, ofreciéndole confundidos una tarjeta del bulín para no perderlo como cliente.

Error.

A la noche siguiente Denzel vuelve al bar, pero Chloe no asiste. El dueño del lugar, mientras pasa el trapo en la barra y sin mirarlo, le señala que la joven está en terapia intensiva ya que un cliente le dio más fuerte de lo que acostumbraba, pero Denzel sabe perfectamente que esa golpiza no fue propinada por un cliente. Fueron sus jefes, quienes le dieron una tunda aleccionadora para que aprenda a comportarse cuando un cliente la faja. Denzel abandona el bar y acude al hospital. Chloe está destrozada, desfigurada a trompadas. Esto no va a quedar así.

Toma del bolsillo la tarjeta y se acerca al lugar donde los rusos atienden su negocio de sexo, y a pesar del que es bastante inaccesible y la oficina final está asegurada por los más violentos extras musculosos, Denzel logra entrar y abrir la puerta como quien va al baño. Los rusos, quienes justo estaban contando plata, no pueden creer la insolencia. ¿Quién será este negro ridículo que osó entrar en nuestras oficinas? Estupor.

Y Denzel, sin pedir siquiera perdón o permiso y con la voz muy calma, le ofrece al ruso un sobre con 9800 dólares a cambio que dejen libre a Chloe, para siempre.

Pero Ruso desecha la oferta y le explica que Chloe le genera esa plata por quincena, y que a lo sumo, por el violento adelanto económico, que tiró sobre su escritorio, se la puede prestar un mes. Denzel insiste, diciéndole que no deseche la oferta y todos sabemos que no debe desecharla, ya que la otra opción es morir de la peor manera, pero el ruso no lo sabe, o no lo quiere saber, o no lo debe saber. Lo único que le faltaba a esta previsible, idiota y trillada película era que el ruso aceptara el trato, ya que hubiese terminado el film en la primera docena de minutos, así que no acepta y Denzel se guarda la plata y se va yendo. Pero justo antes de salir hace la cuenta mental de cuánto tiempo le costará matar a los 7 u 8 rusos armados que hay en la habitación, se da vuelta y los mata. Y se va por donde entró.

Esto sacude a la plana mayor de la organización mafiosa de trata de blancas, quien desde Moscú envía al más temerario asesino serial aniquilador de Denzels Washingtons que pudiese haber en este mundo para descubrir quién fue quien mató a sus empleados. Y el temerario ruso es más malo que no sé qué. Es muy malo. Tan malo que ni miedo mete. Y llega a New York y se pone a investigar quién fue el que cometió ese atropello. Y a pesar de que montones de policías corruptos pagados por la organización están hace semanas buscando al culpable, el ruso, mucho más inteligente, encuentra una imagen del negro entrando al restaurante y asegura: “seguro que es éste negro”, sin siquiera fundamento alguno.

Y así comienza entonces esta huevada inexplicable en donde Denzel Washington hace de suave jubilado empleado de Wal Mart que por las noches busca justicia por mano propia matando y golpeando a quien lo merezca con una temeridad digna de un ex agente de la CIA, por lo que ayuda al pobre Ralphie, ya que su madre fue víctima de la corrupción policial y le quemaron el barcito que atendía porque no pagó la coima del mes y Denzel encuentra y ajusticia a los policías corruptos a quienes les da una boba lección de honor, y un día entra un ladroncete al WalMart y a punta de pistola roba a una dulce cajera y Denzel esa misma tarde encuentra al malhechor que robó a la cajera un anillo que era de su madre y… Y Dios no permita que Denzel muera, ya que es el único que puede devolver la sonrisa y la justicia social a sus amigos pobres que no entienden que jamás serán partícipes del sueño americano mientras los rusos cada vez lo tienen más cercado hasta que ya no da para más y, finalmente, va a pedir permiso a su ex jefa de la CIA para matarlos a todos.

Y los mata a todos.

Incluso al jefe máximo. Se toma un avión, se va a Moscú, entra en la mansión atiborrada de guardaespaldas y los mata a todos culminando un film más elemental que no sé qué con un final más previsible que tampoco.

El día que pasen dos años sin que Hollywood publique una historia como esta, dejo de criticar cine.


Le pongo 1 Juanpablo. Denzel Washington da vergüenza ajena.


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