lunes, 16 de junio de 2014

Ice Soldiers (2013)






Con: Dominic Purcell, Gabriel Hogan, Camille Sullivan, Adam Beach, Michael Ironside y gran elenco

Dirección: Sturla Gunnarson


Resulta que un día, allá por 1962, una avioneta particular cae en la nieve más inhóspita que a usted se le ocurra y el piloto muere.
Unos soldados asignados a una remota y helada base plantada cerca del lugar del accidente se acercan intentando rescatar a alguien, pero no encuentran a nadie con vida, solo hay un piloto muerto y unas cápsulas bastante inquietantes diseminadas alrededor de la avioneta. ¿Qué habrá dentro? Se pregunta un soldado de aspecto esquimal, y cuando barre con su guante el vidrio de la cápsula no puede dar crédito a lo que sus ojos están viendo: Un señor vestido de traje Que de inmediato abre los ojos, lo mira con atención y lo mata (esto no se ve, la cámara vuelve a la base ni bien el ¿marciano? Abre sus ojos, pero créame que lo mata).

Más tarde, un helicóptero trae a una doctora en marcianos, o algo así, para estudiar a estos inquietantes seres de físicos admirables quienes se encuentran en cuero y atados a un montón de barras de acero confinados en un container (nunca queda claro cómo es que finalmente atraparon a estos rubiecitos ya que, como bien veremos durante todo el film, los tipos son indestructibles, inatrapables e inmortales). La doctora le hace un fondo de ojos con una linternita y le saca un poco de sangre para estudiar en su laboratorio de campaña, pero esa noche, mientras intentaba ver por el microscopio los inquietantes glóbulos rojos de estos intrépidos seres, gritos, disparos y muerte la desconcentran. Debe apresurarse si pretende huir, algo malo está sucediendo ahí fuera y de seguro ella tampoco se salvará, piensa, en el mismo instante en que la puerta del laboratorio vuela por el aire y un violento ventarrón de nieve y frío ingresan en el lugar de la mano del marciano malo, quien, en cueros, se abre paso entre los escritorios y se acerca a la doctora con una única meta. Penetrarla.

Gritos. Horror. Penetrit.

Cincuenta años más tarde, un grupo de ¿marines? ¿científicos? ¿exploradores? ¿empleados de una compañía petrolera?, se disponen a hacer una serie de confusas tareas en el lugar y dan la bienvenida a la próxima víctima de violación del marciano, que es una ¿doctora? ¿contadora pública? Que viene de la compañía a controlar que todo esté en orden e intenta tomar cartas en el asunto aún sin saber a ciencia cierta cuál es ese asunto donde debe tomar las cartas y comienza así a departir labores como quien reparte invitaciones a una Disco mientras Dominic, nuestro recio protagonista, le explica que antes de comenzar a trabajar o ponerse a dar órdenes debería ver un Power Point que le preparó para informarla sobre “lo sucedido”, pero la mujer no tiene tiempo para Powerpoints y no le interesa en la más mínimo qué es aquello que ocurrió, tiene la orden de encontrar petróleo y ningún científico de poca monta que acaba de descubrir algo que cambiará para siempre la forma de ver las cosas va a torcer su cometido, aunque luego acepta ver dicho documental gustosa y nos deja a todos –incluso a sus compañeros de film- un tanto consternados con su clara y desfachatada bipolaridad.

Y por supuesto que cuando la joven ¿contadora pública? ve el documental queda extasiada con el trabajo de Dominic y lo insta a seguir investigando, ordenando a los demás que accedan a todos los pedidos del musculoso actor y se va a dormir mientras los soldados preparan “la salida”, al día siguiente deben ir en busca de petróleo y marcianos rubios cogedores y no hay tiempo que perder.

Así es entonces que Dominic se une al grupo de expedición y mientras todos buscan petróleo en la nieve como quien intenta ubicar algo que se le cayó del bolsillo él sube una montaña con una velocidad y un esmero realmente inusitados (mmm, nadie sube así una montaña, este hombre tiene poderes extraños) y descubre, en medio de la nada misma, un profundo agujero que conduce a una cueva prehistórica en donde, así de un plumazo y bastante rápido, Dominic encuentra los cadáveres de los tres ¿marcianos? rubios que 50 años atrás diezmaron la base y violaron a la doctora (qué bueno que los encontró rápido, ¡de lo contrario la película hubiese durado mil horas!).

El hallazgo es muy aplaudido por la ¿contadora pública?, quien de inmediato prepara un hangar lleno de camillas de hospital y aparatología de la salud como si fuera lo más fácil del mundo y en un instante enchufan a los tres cadáveres para estudiarlos. Quizás deberían haber aprendido aquella lección del pasado, en donde unos marines que intentaban saber qué eran esos tipos terminaron muertos y/o violados, pero vio cómo es el ser humano, que siempre tropieza dos veces con la misma piedra.

Así es que los marcianos despiertan, matan a todos, violan a la ¿contadora pública? y dejan vivo a Dominic, quien intentará apresarlos antes que lleguen a Nueva York ya que los rubitos, lejos de ser de otro planeta, en realidad son unos soldados con modificaciones genéticas que no mueren, no se lastiman, tienen tremebundo pene erecto y dos únicas metas: violar doctoras y contadoras públicas y aniquilar a los Estados Unidos de Norteamérica.

Suerte que está Dominic, que es hijo de la doctora de la década del sesenta y de uno de estos rubios violadores, quien es el único que tiene algo de poder extra al ser su descendencia, y termina acabándolos a todos (acabándolos me refiero a terminar con sus vidas, no a eso que usted se imaginó con esa cabecita pervertida que tiene, qué asco…).

Cuatro veces intenté verla y las cuatro veces me quedé profundamente dormido, aunque al final pude completarla. Una suerte (para ustedes, que ahora evitarán ver esta boludez inaplicable).

Le pongo 2 Juanpablos, la escena final en donde papá soldado inmortal y Dominic luchan como padre e hijo como lo hicieren Darth Vader y Luke, es re tierna y pelotuda.


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